Dejando atrás la monumental Segovia, esta etapa se adentra en la llanura castellana. Es una jornada larga y de perfil mayoritariamente llano, que discurre por un paisaje de campos de cereal y pinares. La ruta atraviesa la campiña segoviana, en un entorno de gran soledad y horizontes infinitos. Es una etapa para la introspección y para sentir la inmensidad de la Meseta. La llegada a Santa María la Real de Nieva, una villa con un importante monasterio y un hermoso claustro gótico-mudéjar, ofrece un merecido descanso y un rico final de etapa cultural.
La salida de la espectacular ciudad de Segovia da paso a un cambio radical de paisaje. Esta larga etapa sumerge al peregrino en la Meseta castellana, en la llamada "campiña segoviana". El perfil es predominantemente llano, con suaves ondulaciones que no presentan ninguna dificultad. El camino discurre por largas pistas de tierra que atraviesan un mar de campos de cereal, salpicado por algunos bosques de pinos. Es una jornada de soledad, ideal para la meditación, donde el peregrino se enfrenta a la inmensidad del paisaje castellano. La ausencia de sombras durante largos tramos exige una buena protección solar. Se pasa por varias localidades pequeñas como Zamarramala, con su famosa iglesia, y Valseca. La etapa finaliza en Santa María la Real de Nieva. Esta villa, de gran importancia histórica, alberga el Monasterio de Nuestra Señora de la Soterraña. Su iglesia y, sobre todo, su magnífico claustro, una joya del gótico-mudéjar con capiteles de una riqueza iconográfica excepcional, son de visita obligada. Es un final de etapa que combina la dureza de la llanura con una recompensa artística de primer nivel.
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