Esta etapa es un claro ejemplo del característico terreno "rompepiernas" de Galicia. Tras salir de Portomarín, el camino inicia un ascenso continuo pero suave hasta la Sierra de Ligonde. A lo largo de la jornada, se atraviesan numerosos bosques de pinos y eucaliptos, así como pequeñas aldeas con un profundo encanto rural. El peregrino pasará por hitos como el Cruceiro de Lameiros. Aunque no presenta grandes dificultades técnicas, el constante sube y baja exige un esfuerzo mantenido. La llegada a Palas de Rei, una localidad con todos los servicios, ofrece un merecido descanso y sirve como importante nudo logístico en el corazón de Galicia.
La jornada que conecta Portomarín con Palas de Rei es una inmersión total en el paisaje rural gallego. Es conocida por su perfil "rompepiernas", un continuo subir y bajar que, aunque sin grandes pendientes, va acumulando desnivel y cansancio en las piernas. El recorrido comienza con la salida de Portomarín, ascendiendo de forma progresiva hasta coronar la Sierra de Ligonde. El camino discurre en su mayor parte por senderos de tierra y pistas forestales, atravesando frondosos bosques de robles, castaños y, sobre todo, eucaliptos, cuyo aroma impregna el aire. La ruta está salpicada de pequeñas aldeas y caseríos de piedra, como Gonzar o Ventas de Narón, que ofrecen al peregrino puntos de descanso y avituallamiento. Uno de los puntos más emblemáticos es el Cruceiro de Lameiros, un crucero de piedra del siglo XVII que marca un lugar de gran tradición. A pesar de la belleza del paisaje, la etapa requiere una buena gestión del esfuerzo debido a su longitud y a las constantes ondulaciones. La llegada a Palas de Rei es un alivio para el caminante. Esta villa, cuyo nombre evoca un antiguo palacio real, es hoy un importante centro de servicios en el Camino, con una amplia oferta de albergues, restaurantes y tiendas.
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