Etapa del Camino
Descripción de la Etapa
Etapa inaugural del Cammino di San Jacopo, que enlaza las dos primeras ciudades de la llanura toscana por caminos secundarios de traza histórica, jalonados de tabernáculos que delatan el uso devocional de la ruta. La salida de Florencia por Careggi, a los pies de la villa medicea, ofrece el tramo más panorámico de la jornada, con la ciudad a la espalda y las colinas de Sesto Fiorentino al frente. El recorrido pasa por la iglesia de San Jacopo a Querceto, la pieve y el castillo de Calenzano y la campiña agrícola de Travalle, antes de bordear la ladera y encarar el descenso hacia Prato junto a la antigua cementera Marchino. El desnivel es escaso y el firme, en buena parte asfaltado, hace de esta una jornada larga pero cómoda para tomar el pulso al camino.
La primera etapa del Cammino di San Jacopo recorre los 27 kilómetros que separan Florencia de Prato con un desnivel positivo de apenas 190 metros. Es una jornada de transición entre dos ciudades muy urbanizadas que, sin embargo, encuentra el modo de esquivar el caos del extrarradio buscando carreteras secundarias, caminos de campo y las faldas de las colinas que cierran la llanura por el norte. Los numerosos tabernáculos que salpican el itinerario son la prueba de que estas vías se caminan desde hace siglos.
La salida de Florencia se hace por el norte, hacia el barrio de Careggi, donde se levanta la Villa Medicea que Cosme el Viejo convirtió en el centro de la Academia Neoplatónica. A partir de aquí llega el tramo más panorámico del día: el camino gana altura sobre la ciudad y avanza a media ladera hasta Settimello, en el término de Sesto Fiorentino, pasando junto a la iglesia de San Jacopo a Querceto, primera advocación jacobea de la ruta. Quien prefiera evitar el asfalto de la zona urbanizada puede tomar aquí la variante verde del Complementario di Sommaia, que sube a los senderos con vistas sobre las llanuras de Florencia y Prato.
El itinerario alcanza después Calenzano, donde merecen una parada la pieve y el castillo medieval que corona el casco viejo. Tras el pueblo, el camino se adentra en la hermosa zona agrícola de Travalle, un respiro de campo abierto entre olivares y viñas antes del último tercio de la jornada.
La aproximación a Prato se mantiene en altura por la ladera, lo que regala una vista amplia de la ciudad antes de bajar a ella. El descenso pasa junto a la Cementeria Marchino, una fábrica de cemento de principios del siglo XX que hoy se conserva como monumento de arqueología industrial y que sirve de puerta de entrada al valle del Bisenzio.
Prato recibe al caminante con su casco histórico ceñido por las murallas, el Castello dell'Imperatore levantado por Federico II y la catedral de Santo Stefano, custodia de la reliquia del Sacro Cíngulo de la Virgen. Es una ciudad textil, viva y menos transitada por el turismo que su vecina Florencia, con buena oferta de mesa y alojamiento para reponer fuerzas.
La salida de Florencia se hace por el norte, hacia el barrio de Careggi, donde se levanta la Villa Medicea que Cosme el Viejo convirtió en el centro de la Academia Neoplatónica. A partir de aquí llega el tramo más panorámico del día: el camino gana altura sobre la ciudad y avanza a media ladera hasta Settimello, en el término de Sesto Fiorentino, pasando junto a la iglesia de San Jacopo a Querceto, primera advocación jacobea de la ruta. Quien prefiera evitar el asfalto de la zona urbanizada puede tomar aquí la variante verde del Complementario di Sommaia, que sube a los senderos con vistas sobre las llanuras de Florencia y Prato.
El itinerario alcanza después Calenzano, donde merecen una parada la pieve y el castillo medieval que corona el casco viejo. Tras el pueblo, el camino se adentra en la hermosa zona agrícola de Travalle, un respiro de campo abierto entre olivares y viñas antes del último tercio de la jornada.
La aproximación a Prato se mantiene en altura por la ladera, lo que regala una vista amplia de la ciudad antes de bajar a ella. El descenso pasa junto a la Cementeria Marchino, una fábrica de cemento de principios del siglo XX que hoy se conserva como monumento de arqueología industrial y que sirve de puerta de entrada al valle del Bisenzio.
Prato recibe al caminante con su casco histórico ceñido por las murallas, el Castello dell'Imperatore levantado por Federico II y la catedral de Santo Stefano, custodia de la reliquia del Sacro Cíngulo de la Virgen. Es una ciudad textil, viva y menos transitada por el turismo que su vecina Florencia, con buena oferta de mesa y alojamiento para reponer fuerzas.
Última actualización: 28/08/2026
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